sábado, 9 de mayo de 2009

Contadores de historias

"Para ser artista hay que reconquistar esa confianza en la fantasía y la imaginación que uno tiene en la infancia" nos dice Henning Mankell, excelente escritor sueco que escribió un libro maravilloso llamado "Zapatos italianos",  que se define a sí mismo como "contador de historias".
 
¿Has leído "El idioma de los gatos" de Spencer Holst? 


Cada persona que leía ese libro se convertía en una persona más feliz, más creyente en los poderes mágicos y terapeuticos de la literatura. Sus lectores querían ir a buscar a Spencer Holst a Nueva York y organizar un desfile en su honor por la quinta avenida. El autor tiene aspecto de gnomo que sabe contar historias. Su literatura está a mitad de camino entre Hans Cristian Andersen y Franz Kafka. 


El murciélago rubio- Spencer Holst

Hubo una vez un gran murciélago rubio que se sentó junto a un barman.
El murciélago tenía los ojos azules más lindos que el barman hubiera visto.
Mientras volaban a 40 millas por hora en el Subterráneo Independiente, el barman se preguntó si esos cándidos ojos azules arderían en la penumbra como tranquilas llamas púrpuras, como las lamparitas azules de los extremos de las plataformas del subte.
El vestido de ella estaba hecho de terciopelo negro con alas de seda negra y guantes de raso; llevaba una curiosa máscara, que revelaba más de su rostro de lo que ocultaba; sus zapatos eran de taco alto y afelpados, y él advirtió que sus piés eran delicados, y se preguntó si ella estaría descalza debajo de esos zapatos o llevaría medias, y apostó a que tenía lindos dedos de los pies.
Este barman se estaba enamorando.
Era ralmente algo raro: un barman enamorándose de una extraña chica rubia que llevaba un traje de murciélago, en un subterráneo.
La mayoría de los idilios en subterráneo se bajan en la calle 34 para ir a una estación de ferrocarril de ahí a Saskatchewan: pero no tiene por qué ser de esa manera.
Por ejemplo, en esta historia el barman no sólo tendrá el valor de hablarle a esta chica: hasta se enamorarán los dos.
¡Cómo!, dicen ustedes. Están un poco indignados.
Me acusan de sadismo. Permitir que mi personaje, el barman gordo, de cara colorada, se enamore de esta muchachita. Ella se cansará pronto de él, dicen ustedes, lo dejará por un hombre más jóven, más adecuado, pues a través de la riqueza y el buen gusto de su traje, y la dignidad y la gracia de sus rasgos, es obvio que proviene de una buena familia. ¡Cuán infeliz harás al barman!, me dicen ustedes.
¡Tonterías! Yo no voy a hacer infeliz al barman.
Con seguridad, sin embargo, el barman tendrá muchos meses horribles después de esta noche de amor, y muchos años de tristeza después, pero esto no es la infelicidad, porque él hará muchas buenas acciones en agradecimiento al mundo por permitirle esta noche mágica.
No, la infelicidad es otra cosa; la infelicidad es no tener el valor. Pero volvamos a la historia: el tren entró rugiendo en la estación de Delancey Street y los ojos del barman se le salieron de las órbitas porque montones de gente disfrazada estaban bailando y cantando y soplando cornetas y corriendo y gritando y exaltándose en la plataforma del subte.
La chica se levantó. 
El barman se levantó también, y con ojos ausentes y distraídos la siguió hasta el andén y fue allí donde habló con ella.
Ella lo miró, asombrada; lo miró de arriba a abajo; después se rió, pero no estaba riéndose de él, de eso estaba él seguro: era una risa de alegría que él iba a recordar.
Ella corrió.
El la persiguió! 
Ella corrió a través de la muchedumbre, era escurridiza, parecía delizarse entre estos locos parranderos gesticulantes, mientras él tenía que luchar por cada pulgada y en su apasionada persecución le pisó un dedo a Napoleón, derribó a una bruja gorda y chillona, golpeó a un payaso en el estómago, sentó en el suelo a un sorprendido gorila, tropezó con la reina de Inglaterra, y ella corría y corría, fuera del subte, por Delancey Street hacia el río, hasta que él la atrapó y ella se quedó quieta en sus brazos mientras tomaba aliento, lanzando ocasionales risitas de alegría.
Era tan suave que él la besó, y después caminaron juntos, del brazo, mirando los fuegos artificiales y las multitudes, deteniéndose aquí y allá para tomar una cerverza. 
¡Toda la ciudad estaba de fiesta!
Todo el mundo estaba disfrazado, todo el mundo tenía careta, y había reflectores, papel picado y fuegos artificiales por todas partes, como si fuera un maravilloso carnaval o algo así, y el barman se sintió un poco fuera de lugar con sus apagadas ropas de calle, sin una careta tan siquiera.
Pero la chica le dijo que estaba muy bien vestido.
Y él le preguntó qué era toda esa celebración, no había oído hablar de ninguna, pero ella simplemente se rió y lo besó, y eso fue todo. 
Y así bregaron felizmente a través de las multitudes y de la noche, deteniéndose de vez en cuando para bailar, con una extraña música lenta en las tabernas, o con el jazz salvaje que se tocaba en casi todos los rincones.
Ella señaló un gran reloj en un edificio. Eran las once en punto.
Ella lo hizo apurar hasta una larga fila que caminaba lentamente ante la plataforma de un jurado, y cuando les llegó el turno los jurados hicieron un gran alboroto sobre ellos, y un jurado insistía en señalar con admiración la corbata brillante del barman, de modo que ganaron el concurso y ambos obtuvieron grandes copas de amor.
Los jurados los condujeron ante un gigantezco trono del amor, alzado muy por encima de la multitud que aclamaba, un tremendo almohadón, más grande que un colchón.
¡Era el trono para ellos! ¡Eran el rey y la reina de la noche! Habían ganado el concurso de disfraces.
Entonces el barman escuchó un tremendo tañido, la muchedumbre empezó a gritar y a aullar.
Él escuchó una sirena, baja, mucho tiempo. 
La calle Delancey había enloquecido.
Su chica se sacó la máscara y él contuvo el aliento, tan hermosa era mientras señalaba el gran reloj en el edificio; ella lo dijo en susurros, tierna de pasión, amorosamente; le dijo: "¡Es medianoche! ¡Quítate la careta!".

El asesino de Papá Noel Por Spencer Holst

Hubo una vez una persona que terminó con las guerras para siempre, al asesinar a 42 Papás Noel.

Todo empezó unos diez días antes de Navidad, cuando un Papá Noel del Ejército de Salvación fue asesinado en un barrio.

Un diario de la mañana traía la noticia, pero al día siguiente otros cinco Papás Noel fueron asesinados y el hecho apareció en la primera plana de todos los diarios del país.

Cuatro de ellos fueron asesinados mientras recolectaban fondos para el Ejército de Salvación, y el quinto fue apuñalado en la sección Juguetería de Gimbel’s.

¡La gente se sintió ultrajada! ¡Cómo se indignaron! Pensaban qué monstruo, qué engendro debía ser ese tipo, quiero decir, arruinarles la Navidad a los chicos asesinando a Papá Noel.

No se preocupaban por las vidas verdaderas de los hombres asesinados, tan sólo era el efecto que causaría a los chicos lo que molestaba a todos.

De manera que al día siguiente la ciudad estaba llena de policía metropolitana y estadual, agentes del FBI y hasta algunos funcionarios de Inteligencia de la Marina, agentes del Tesoro y funcionarios del Departamento de Justicia, todos los cuales encontraron pretextos para intervenir en el caso: y otros diez Papás Noel fueron muertos y no se atrapó al esquivo asesino.

Así que aquella noche todos los Papás Noel que estaban trabajando convocaron a una reunión secreta para decidir qué hacer.

Se daban cuenta de sus responsabilidades para con los chicos pero, por el otro lado, les parecía una especie de locura salir a la calle y ser atacados por este maníaco.

De modo que un hombre, que era valiente y no tenía a nadie que dependiera de él, se ofreció para salir al otro día, disfrazado y con una fuerte guardia armada.

Pero le cortaron la garganta en su cama, aquella noche.

Así que al otro día no había Papás Noel en la ciudad.

Y la gente estaba algo así como irritable y nerviosa, y los chicos lloraban, y no parecía Navidad sin los Papás Noel.

Pero al día siguiente, una volátil mujercita de Hollywood, una actriz que buscaba publicidad, salió vestida de Mamá Noel.

Y la gente y sus chicos se agolparon en torno de ella, ya que era lo más aproximado a Papá Noel que andaba por la calle, y consiguió un montón de publicidad, y no la mataron.

De modo que al día siguiente varias otras mujeres prominentes salieron todas vestidas de Mamá Noel, con el pelo empolvado de blanco y polleras coloradas y almohadones en sus vientres y sombreros de Papá Noel, y tampoco a ellas las mataron.

Decidieron que a lo mejor el maníaco había dejado de actuar, así que mandaron a la calle a un Papá Noel como globo de ensayo, pero una hora después su cuerpo era conducido en una ambulancia al Bellevue Hospital, con tres balas alojadas en él.

Así que la Navidad de ese año transcurrió con Mamás Noel.

Y el año siguiente empezó a ocurrir otra vez lo mismo, de modo que de inmediato mandaron a las mujeres otra vez a la calle.

Al año siguiente pasó la misma cosa; y el siguiente, y el siguiente; y año tras año, este paciente y esquivo maníaco mataba a cualquier varón vestido de Papá Noel, hasta que finalmente en los diarios, en la publicidad y en las mentes humanas, Papá Noel retrocedió hacia el fondo y Mamá Noel se convirtió en la figura principal.

Quiero decir que Papá Noel todavía estaba allí. Hacía los juguetes en el Polo Norte y se ocupaba de los elfos, pero era Mamá Noel la que viajaba en el trineo tirado por los renos y se deslizaba por la chimenea y repartía los regalos y encabezaba el desfile de Navidad cada año.

Y lo divertido era que a las mujeres parecía gustarles realmente ser Mamá Noel. Nadie tuvo que pagarles y se convirtió en una moda tal que las calles, en época de Navidad, estaban colmadas de Mamás Noel. Y a medida que el tiempo pasó, ellas empezaron a hacer pequeñas alteraciones en el traje tradicional, cambiando primero el matiz de rojo, y experimentando después con colores completamente distintos, hasta que al fin cada traje fue único y fantástico, hermosamente coloreado, bellísimo.

Se convirtió en un verdadero honor el encabezar el desfile de Navidad.

¡Y a los chicos les encantó!

¡La Navidad nunca había sido así antes, con todas estas Mamás Noel y toda la excitación!

Pero estos chicos, esta nueva generación de chicos que creció creyendo en Mamá Noel, eran algo así como distintos.

Porque, fíjense, para los chicos muy pequeños Papá Noel es un dios.

Y para la época en que dejan de creer en Papá Noel, empiezan a ir a la Escuela Dominical y aprenden acerca de un nuevo Dios. Y este nuevo Dios no les hace regalos. Es un poco rudo.

Pero toda la vida anhelan a su antiguo dios de la infancia, a su dios Papá Noel.

Observen sus oraciones, lo que dicen: dame lo que deseo. Pero esta nueva generación de chicos que crecieron creyendo en Mamá Noel parecía tener una actitud distinta hacia las mujeres.

Empezaron a elegir mujeres para el Congreso y eligieron a una mujer presidente y mujeres alcaldes, hasta que muy pronto el país entero estuvo gobernado por mujeres.

A ellas les preocupaba sobre todo cosas como la comida, y hubo mucha discusión en el Congreso acerca de varios regímenes, y bien pronto hasta los más pobres tuvieron mucho que comer; y estaban interesadas en las casas, y pronto ya no hubo escasez de viviendas.

Pero había una cosa que no apoyarían.

No pensaban hacerlo.

Quiero decir, ¿qué posible razón política haría que estas mujeres mandaran a sus hombres a ser matados? ¡Era ridículo!

De modo que con su poder político y su poder financiero y el prestigio de los Estados Unidos, obligaron y animaron a otros países a permitir que mandaran las mujeres.

Así la guerra terminó para siempre.

Los hombres siguieron haciendo lo que siempre habían hecho. Trabajaban en fábricas, y estudiaban matemática superior, y apostaban a caballos, y repartían el hielo, y discutían de filosofía.

Pero estas discusiones sobre filosofía no ocasionaban que la gente se muriera de hambre y se matara entre sí.

Y muy pronto, en todo el mundo, nadie estaba hambriento, todos tenían lindas casas, ya no había guerra, la gente empezó a ser feliz.

Saben, cuando uno se detiene a pensar en ello, había ocurrido una revolución mundial.

Y 42 Papás Noel no es mucha gente muerta para una revolución mundial.

Pero el asesino o, en realidad, el santo a quien la humanidad tanto le debía, el que planeó y ejecutó esta revolución casi incruenta, nunca fue atrapado y crucificado.

Siguió viviendo.

No, nadie descubrió nunca la identidad de este santo: es decir ah–, salvo yo.

Yo sé quién es el santo.

Oh, no tengo ninguna prueba, pero es precisamente por eso que estoy tan seguro de que lo sé.

Porque hay una sola persona capaz de esto, hay una sola persona con el genio, la osadía, la imaginación, el valor, el amor a la gente, la avidez por la sangre y la paciencia requeridos para llevar a cabo ésta, la mayor de todas las acciones.

Esa persona es mi hermanita.

Traducción: Ernesto Schóo

martes, 5 de mayo de 2009

Te lo digo con las manos




Recuerdo la fascinación que sentía cuando mi padre me explicaba el lenguaje de los abanicos. Poder decir cosas solo con el movimiento del abanico me parecía ingenioso y divertido. Encuentro en un artículo sobre los abanicos como obra de arte, el significado de algunos de sus movimientos. Se ve que el destino del amor estaba entonces en las manos de la mujer.

El lenguaje del abanico
 
Abierto, tapando la boca: Estoy sola.
Dejarlo deslizar sobre los ojos: Vete, por favor.
Golpeándolo, cerrado, sobre la mano izquierda: Escríbeme. 
Mantenerlo en la oreja izquierda: Quiero que me dejes en paz.
Moverlo con la mano derecha. Quiero a otro. 
Moverlo con la mano izquierda: Nos observan.
Movido con la derecha: Hasta mañana. 
Roto: Se ha terminado. 
Semicerrado en la derecha y sobre la izquierda: No puedo.
Sobre los labios, semiabierto: Te quiero. 
Tocar con el dedo el borde: Quiero hablar contigo.




Rosa Montero celebrando una vida


Toda selección es arbitraria, ¿qué escogemos de nuestra vida para resaltar?, siempre será diferente esa lista de sensaciones o de hechos que nos marcaron y nos fueron forjando. Rosa Montero hace este texto lleno de poesía con el recuento de la vida de  Pablo Lizcano, el hombre con quien compartía su vida y acaba de morir. Un cabrillero de agua, eso es la vida, un instante, una epifanía. Ce



ROSA MONTERO

Una vida  

 

Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho.

Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.

Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes.

Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.

La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.

Y también el desamor: un agujero.

Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.

Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.

La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.

Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.

La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.

Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio.

Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve.

Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.

Un cabrilleo de agua. El último chispazo.

Esta poca cosa, o esta enormidad, es una vida.

 

sábado, 2 de mayo de 2009

Un hombre y una mujer

Así como se nos recomienda tanto releer, también debemos volver a ver esas películas de nuestra juventud, de esa época en la que asistíamos a cine clubs y comentábamos las películas durante semanas. Ahora que es fácil conseguir las películas de nuestro pasado ¿por qué no recordar la felicidad tenida y añadirle el gusto de ver con otros ojos aquello que nos encantó?

¿Qué guardamos en la memoria de "Un hombre y una mujer"? En mi caso, al leer la sinopsis que añado a continuación y ver los videos constato que solo había guardado una emoción: el placer de haber visto una película inolvidable. (Qué ironía usar esa palabra). La música ha quedado grabada para siempre. Está ahí en una parte de mi mente en un mismo cajoncito que "Los paraguas de Cherburgo", Mi bella dama", y "El Doctor Zhivago".

Dirigida por Claude Lelouch ganó muchos premios, incluyendo la Palme D'Or en el festival de cine de Cannes en 1966, el premio de la Academia para la mejor película de lengua no inglesa y el premio de la academia para la mejor escritura, la historia y el guión. Aimée fue nominada para la mejor actriz en un papel principal y Lelouch para el mejor director.

Después de tantos años, Claude Lelouch acaba de declarar que el amor es lo único en la historia de la Humanidad que no evoluciona y que, por tanto, se puede seguir creyendo en él.
Y sobre los intelectuales, cree Lelouch que no piensan en el presente y que lo que hay que hacer es volver al sentimiento, que es, bien mirado, lo más intelectual que existe.

Sinopsis: Como cada domingo, Anne Gauthier, una mujer de unos 30 años, y Jean-Louis Duroc, un hombre de su edad, visitan a sus respectivos hijos. Anne ha perdido el tren, y Jean-Louis se ofrece a llevarla a París, en su coche. Ambos hablan de sus hijos y del día que han pasado en Deauville; pero Anne habla sobre todo de su marido. Y habla con tal pasión de él, que su imagen parece estar entre ellos. Sin embargo, Jean-Louis se sorprende cuando Anne le revela que su marido murió en un estúpido accidente durante el rodaje de una película. Durante las semanas siguientes, Jean-Louis, que es piloto de coches de carreras, está obsesionado por la mujer que ha conocido. Por fin se decide a llamar a Anne para llevarla a Deauville el fin de semana siguiente. Ese domingo transcurre en una especial atmósfera para ese hombre y esa mujer, a quienes sus propios hijos parecen aproximar todavía más. De vuelta a la ciudad, sus manos se encuentran, a la vez que Anne pide a Jean-Louis que le hable de su mujer. Es entonces cuando él le cuenta que se suicidó. Esta historia causa un extraño efecto entre ambos. La inminente marcha de Jean-Louis para el rally de Montecarlo, no facilita precisamente la despedida. Una vez en Montecarlo, Jean-Louis recibe un telegrama de Anne en el que le dice que le ama. Su próximo encuentro tiene lugar en la playa de Deauville, donde se desencadena toda la pasión acumulada durante días. Sin embargo, las vividas imágenes de su marido, que pasan por la mente de Anne, interrumpen su coloquio amoroso y al fin, la mujer regresa en el tren a París. Se despiden en la estación y emprenden sus distintos caminos, pero en un último impulso, Jean-Louis se dirige a la estación de St. Lazare, en París, para esperar la llegada de Anne. 











El circo invisible



El circo fue para mi de niña algo espectacular, fabuloso, solo la pronunciación de la palabra Circo me despertaba las más grandes emociones. Ingresar a la carpa de circo era como viajar al país de la imaginación. Todo era posible. Me gustaban en primer lugar los payasos, seres creados para llenarnos de ilusión, pero también me capturaba el presentador que anunciaba con su magnífica voz: Señoras y señores, niños y niñas, en esta magnífica pista, con ustedes, los payasos, la ropa estrafalaria, el suelo cubierto de aserrín, las contorsionistas de ojos pintados de manera exagerada, los animales capaces de hacer piruetas imitando al hombre; mi corazón latía de temor cuando los equilibristas allá en lo alto caminaban sobre ese hilo de metal. Me acuerdo haber jugado a ser acróbata y maga y haber soñado con palomas que aparecían en mis manos de la nada. Entonces, ahora cuando  me entero que existe un circo llamado "El circo invisible" dirigido por Victoria, la hija de Chaplín  y su esposo Jean- Baptiste Thierré y que sus hijos Aurelia y James  tienen sus propios espectáculos, revive en mí esa alegría y esa impaciencia por estar ya de una vez en el corazón del circo. Encuentro en You tube parte de su espectáculo y coloco en la lista de las cosas que quiero hacer en mi vida, el asistir alguna vez a esos circos de ensueño que son como dice el artículo de Babelia, solo sustancia.  "Señoras y señores, niños y niñas, con ustedes El fabuloso circo invisible".












viernes, 1 de mayo de 2009

El beso


Por un beso

Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!
                       Gustavo Adolfo Bécquer







Alguna vez le propuse a una amiga organizar en la playa un concurso de besos, a ver quien duraba más. Ya todos estábamos casados y me pareció que sería divertidísimo que nuestros hijos nos vieran besándonos apasionadamente. Mi propuesta no fue aceptada. Ahora con lo del virus y el consejo de no besarse cuelgo en este post imágenes de besos.
























Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar..







El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada.(Tristan Bernard)
En un beso, sabrás todo lo que he callado.
(Pablo Neruda)

A dónde irán los besos que guardamos, que no damos.( Víctor Manuel)

Un concierto en beneficio
















Juan José Chuquisengo, pianista peruano. 

Este miércoles fuimos a un concierto en el Santa Ursula. Nos invitó Lali de Aspauza que trabaja en beneficio de un  colegio modelo en San Isidro: "Nuestra Señora de la luz" que recibe alumnos de diferentes distritos de Lima.
Considero que ayudar a una institución  es realizar una acción cívica y que ojalá todas las personas pudiésemos hacerlo en alguna época de nuestra vida. Dar de nuestro tiempo, de nuestras ideas, de nosotros mismos es a la vez una alegría y un aprendizaje.
El concierto fue un éxito. Fue un placer escuchar a Juan José Chuquisengo al piano y disfrutar con la dirección de Pablo Sabat, ambos peruanos de los que debemos sentirnos orgullosos. 

La Orquesta de la Ciudad de los Reyes interpretó para nosotros:  El Concierto No. 4 Op 58 para piano en sol mayor de Beethoven,  Y la Sinfonia No. 41 en do mayor, K. 551, "Júpiter" de Mozart. 
Como fin de fiesta la orquesta tuvimos una sabrosa marinera limeña y otra norteña. 
Los aplausos fueron para los músicos y para los promotores. Gracias Lali. 

Un regalo dado por añadidura:
Mientras esperábamos para entrar al concierto nos encontramos con una amiga que no veíamos hacía mucho, estuvimos felices, intercambiamos nombres de libros por leer, disfrutamos del placer de conversar. Sorpresas que regala la vida si te pones en movimiento.

jueves, 30 de abril de 2009

Nuestra vocación



En todas las vocaciones intervienen dos elementos: el llamado y el aprendizaje. ¿Qué es el llamado? Me parece imposible definirlo. Sin conocer exactamente la razón, un día sentimos una atracción inexplicable hacia esta o aquella actividad: la herrería, la actuación escénica, la equitación, la música. Casi siempre esa atracción es irrefrenable; casi siempre también está asociada a la habilidad o al talento que requiere la actividad que nos atrae
(Fragmento de "El llamado y el aprendizaje" de Octavio paz")

El nacimiento de una vocación es siempre interesante, acá Patricia nos cuenta cómo surgió en ella el deseo de ser arquologa.


  ¿ Por qué estudié Arqueología?

                                                                                  Patricia Gómez-Sánchez L.








Creo que desde niña tuve este afán de libertad. Sentía que me amarraban cuando me decían “estáte quieta” o cuando me llevaban a misa “la
  cárcel mayor”.  Entonces, yo pensaba que Dios desde el cielo se daba cuenta que yo no quería estar allí. A veces pensaba que no se daría cuenta si yo miraba fijamente la cara del padre cuando decía  el sermón, al rato, y sin darme cuenta,  mi mente había volado muy lejos de allí.

Cuando dejaba volar mi imaginación, ¡qué placer y qué sensación de libertad! Me imaginaba como toda niña, príncipes,  princesas, castillos, caballos alados, hadas.  Muy pronto  entendí que creer en ellos no me iba dar ninguna libertad. Toda aquella fantasía se topaba irremediablemente con la realidad.  Hasta que un día parada al lado de mi padre en las ruinas de Puruchuco me dijo: “Dicen que los Incas eran personas muy altas y deben haberlo sido, pues mira esos muros tan altos, desde allí miraban el mar, el valle y lo dominaban todo.”  Yo intuía que lo que decía mi padre era el resultado de su  admiración por el pasado precolombino pero mi imaginación de niña se echo a volar libremente. Me imaginé personas altas, sabias, inteligentes; ricamente ataviadas y con mucho poder, el  poder de dominar no sólo aquel valle sino a muchas personas.

No sé en qué momento decidí que tenía que corroborar lo que mi imaginación me decía y darle vida a ese pasado, pero sentía verdadera curiosidad y pasión  por ello. Con el tiempo, descubrí que había una forma de reconstruir el pasado que implicaba más paciencia que fervor, más observación que imaginación y era la Arqueología.  Decidí que el trueque era justo. Yo dejaba de lado  mi gran imaginación pero a cambio debía estar permanentemente sorprendida, entusiasmada por  mis descubrimientos y así fue.  Mientras estudiaba,  se armaba ante mis ojos un pasado que yo creía oculto y muerto. ¡Cuántas historias hubiera podido contarle a mi padre! A través de la Arqueología no sólo descubrí que los Incas eran mucho más bajos de lo que hubiera querido mi papá, (nunca tuve el valor de decírselo pues creo que no me lo hubiera perdonado). También descubrí,   grandes hazañas tecnológicas,  rituales que me parecían fascinantes  y que no alcazaba a comprender. Pero en la historia todo tiene una explicación y yo me empeñaba en encontrarla.

Mientras más aprendía, sentía cuánto más me faltaba por saber. Tuve que desterrar  cada una de mis viejas premisas para avanzar.  En el fondo,  sentía un impulso casi obsesivo por  traer a la vida a personas y reconstruir sociedades que ya habían desaparecido, quería entender las costumbres  que habían formado parte de esas lejanas culturas. Quizás yo también quería sentirme orgullosa, como mi padre, de nuestro pasado precolombino, revalorizarlo, rescatarlo.   

Un día, luego de algunos años de haber salido de la universidad, cuando preparaba una clase que debía dictar, encontré un texto que me impactó y que era algo que sin saberlo había estado buscando hacía mucho tiempo. ¿Qué respuestas quería encontrar al estudiar arqueología? ¿Qué quería descubrir?

El texto narraba un descubrimiento hecho en una cueva muy lejana en Shanidar, Afganistan.  Allí, un grupo de arqueólogos, había encontrado un entierro grupal;  eran seis personas dentro de las que se encontraba un niño. Los estudios realizados, revelaron  que estas personas habían muerto a causa de un derrumbe en aquella cueva. Lo sorprendente, es que estos hombres,  fueron cubiertos con flores a la hora de ser enterrados. Gracias al análisis del polen que cubría sus cuerpos, los arqueólogos pudieron determinar la fecha y la estación del año en la cual había ocurrido este terrible accidente y además cuáles fueron las flores con las que las personas que los amaban les dieron el último adiós.  Lo impactante para mí fue darme cuenta que ese accidente había ocurrido hace  40,000 años y correspondía a los hombres de Neanderthal, posteriormente extintos, y yo en ese momento, al leer ese texto,  los traía a la vida, imaginándome claramente el dolor de esa madre o padre, de esos hijos o hermanas y hermanos que con pesar les dieron el último adiós cubriéndolos con flores, igual como lo hacemos hoy en día.

De pronto, como cuando encontramos finalmente la última pieza del rompecabezas,  me di cuenta de que esa era la respuesta que tanto había estado buscado sin saberlo. En ese momento,  entendí que buscando las semejanzas es cuando más acertamos; que somos más parecidos de lo que creemos a nuestros ancestros.   Con el tiempo comprendí, que no somos más que la continuidad de lo que pasó antes, aunque no lo sepamos. En nuestra cultura moderna habita nuestro pasado precolombino aunque no estemos conscientes de ello, o aunque no queramos identificarnos con esa parte de nuestra historia. A través de la Arqueología descubrí que todos somos más parecidos de lo que pensamos,  y que cuando buscamos las diferencias para separarnos nos apartamos de nosotros mismos.

 



miércoles, 29 de abril de 2009

La voz de Octavio

Qué placer escuchar la voz de Octavio Paz, escucharlo recitar su poema, la cadencia y el rítmo de su voz, sus silencios, su respiración.
Esta semana leímos en el taller el ensayo:  " El llamado y el aprendizaje" y también su hermoso cuento "Mi vida con la ola", también leímos un homenaje de Blanca Varela a su amigo y maestro.

Piedra de sol



Visita a las fuentes de Lima



Quería ir, me habían dicho que estaban preciosas. Entonces este sábado llevamos a dos de mis nietos a visitarlas. Fue una felicidad y un descubrimiento.
Llamado Circuito mágico del agua, el parque de la reserva está transformado en un lugar ideal para ir a pasear y divertirse. Pueden ver la cara de dicha de Rafaela y Alejandro y no se diga nada de la del abuelo. Hasta tuvimos arcoíris.
Dejamos la visita nocturna con luces de todos los colores para otro día.
El ingreso al parque es muy fácil, hay donde dejar el auto y la entrada es simbólica. Lo que sí, sería bueno que el parque pudiese ser visto desde fuera, que forme parte de la ciudad y no esté aislado y escondido. Acá algunas fotos de nuestro paseo:

















martes, 28 de abril de 2009

Muere poetisa uruguaya- Idea Vilariño






Considerada una de las mayores poetisas en idioma español del siglo XX.







SI MURIERA ESTA NOCHE

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera