lunes, 7 de abril de 2008

Busqueda de la poesía





Carlos Drummond de Andrade


Búsqueda de la Poesia

No hagas versos sobre acontecimientos. No hay creación ni muerte ante la poesía. Ante ella es un sol estático la vida, ni calienta ni ilumina. Las afinidades, los cumpleaños, los incidentes personales nada cuentan. No hagas poesía con el cuerpo, ese excelente y confortable cuerpo, tan adverso a la efusión lírica. Tu gota de bilis, tu careta de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes. No me reveles tus sentimientos, que se aprovechan del equívoco e intentan el largo viaje. Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía. No cantes a tu ciudad, déjala en paz. El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas. No es música oída cuando pasas; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma. El canto no es la naturaleza ni los hombres en sociedad. Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan. La poesía (no saques poesía de las cosas) omite el sujeto y el objeto. No dramatices, no invoques, no indagues. No pierdas tiempo en mentir. No te aburras. Tu yate de marfil, tu zapato de diamante, vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia desaparecen en la curva del tiempo, son algo inútil. No recompongas tu sepultada y melancólica infancia. No osciles entre el espejo y la memoria que se disipa. Si se disipó no era poesía. Si se partió cristal no era. Penetra sordamente en el reino de las palabras. Allí están los poemas que esperan ser escritos. Están paralizados, pero sin desesperación, hay calma y frescura en la intacta superficie. Helos aquí solos y mudos, en estado diccionario. Convive con tus poemas antes de escribirlos. Ten paciencia, si oscuros. Calma si te provocan. Espera que cada uno se realice y consuma con su poder de palabra y su poder de silencio. No fuerces al poema a desprenderse del limbo. No recojas del suelo el poema ya perdido. No adules al poema. Acéptalo como él aceptará su forma definitiva y concentrada en el espacio. Acércate y contempla las palabras. Cada una tiene mil facetas secretas bajo la faz neutra y te pregunta, sin interés por la respuesta, pobre o terrible, que le des: ¿Has traído la llave? Observa: yermas de melodía y de concepto se refugiaron en la noche, las palabras. Húmedas aún e impregnadas de sueño, ruedan en un difícil río y se transforman en desprecio.

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